19/julio/2026
Recuerdos…
El «Adiós» del jibarito sabio: Una lección cristiana sobre poner límites
* Compartido en mi pagina de grupo en Facebook: La Caverna del Profeta
Quiero evocar hoy el recuerdo de mi abuelo materno, un verdadero jibarito de nuestra tierra. Era un hombre de campo, un agricultor que trabajaba la tierra con sus manos, pero que al mismo tiempo poseía un asombroso conocimiento natural para las matemáticas y una sabiduría profunda, de esa que no se aprende en las escuelas, sino viviendo con atención y temor de Dios.
Recuerdo mucho un día en que su mejor amigo fue a visitarlo a la finca. Aquel hombre, en lugar de disfrutar de la comunión y de la visita, comenzó a criticar todo a su paso. Le decía a mi abuelo cómo debía organizar el gallinero, de qué manera exacta tenía que sembrar los guineos, y hasta le señaló con desdén que las guanábanas se le estaban marchitando. En fin, se dedicó a juzgar minuciosamente la administración de su finca.
Mi abuelo lo escuchó con paciencia, pero con la firmeza que da la dignidad del trabajo. En su inmensa sabiduría, lo interrumpió y le dijo algo que se me quedó grabado para siempre:
«El día que tú aportes para poner el sustento de mi familia sobre la mesa, entonces escucharé tus consejos».
Sin perder los buenos modales, pero marcando una línea clara, lo guió con calma hasta su carro. Al despedirse, su amigo, ignorando la lección de respeto que acababa de recibir, le dijo con naturalidad: —Hasta el próximo domingo, que vendré a visitarte.
Mi abuelo simplemente levantó la mano y le respondió: —Adiós.
El amigo, intentando suavizar la despedida, insistió: —Hasta la próxima.
Pero mi abuelo, con la determinación de quien sabe proteger su paz y su hogar, lo miró fijamente y le repitió: —No... adiós.
A veces, en el caminar cristiano, se piensa erróneamente que ser manso significa aguantarlo todo, sonreír ante la falta de respeto y permitir que la gente dañe nuestra paz familiar o espiritual. Hay quienes, incluso llamándose hermanos en la fe, confunden el "dar un consejo" con la intromisión y el juicio, entrando a "nuestra finca" (nuestra vida, nuestra casa) solo a señalar cómo se marchitan nuestros guineos, sin intención real de ayudar a sembrar.
Sin embargo, establecer límites saludables es un profundo principio bíblico. La Palabra de Dios no nos manda a ser alfombra de nadie; al contrario, el libro de Proverbios nos advierte claramente sobre cuidar nuestras conexiones:
«No te entremetas con el iracundo, ni te acompañes con el hombre de injurias, no sea que aprendas sus maneras, y tomes lazo para tu alma». (Proverbios 22:24-25)
El mismo Jesús nos enseñó que la paz de nuestro hogar es sagrada y que no debemos forzar relaciones con quienes no nos respetan. En Mateo 10:14, cuando enviaba a sus discípulos, les dio una instrucción clara:
«Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies».
Mi abuelo, aquel jibarito sabio, me demostró con sus actos que la mansedumbre no es cobardía. Él protegió la paz de su hogar. Un cristiano tiene el derecho, el discernimiento y el deber dado por Dios para apartarse cordialmente de las personas que solo traen contención y juicios. Ante la crítica que no edifica y la falta de respeto camuflada de "buena intención", nosotros también podemos mirar con firmeza y decir:
«No... adiós».
Autoría:
María Izabel Mestre
Yom Teruah Ministries®
La Caverna del Profeta®
Carolina, Puerto Rico
profetamariaimestre@gmail.com
yomteruahministries@gmail.com
Ministerio De Educación Cristiana Y Apologética, (sin fines de lucro)
"Levantando el testimonio de JESUCRISTO"

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