9/julio/2026
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Hay mañanas en las que nos levantamos con un peso en el espíritu que no nos pertenece. Esto ocurre por causa de las situaciones difíciles que están pasando nuestros hermanos a quienes amamos en Cristo.
Nos llegan a la memoria aquellos que hoy están pasando por un mal momento, esos días en los que sienten que la incertidumbre o el dolor les está ganando la partida. Para ti, que hoy estás en medio de un suplicio, va esta pequeña reflexión.
Cuando decimos: "En el nombre de Jesús... todo va a estar bien", no estamos usando una frase mágica para intentar ignorar la realidad en la cual nos encontramos viviendo. Tampoco se trata de un optimismo fingido que nos exige mostrarnos felices ante los demás.
Cuando el dolor se presenta, lo peor que podemos hacer es intentar reprimirlo. Debemos saber que el alma, que es el asiento de las emociones, necesita validar que el sufrimiento es real para que te esfuerces en buscar una solución a la situación.
Decir que "todo va a estar bien en el nombre de Jesús" va más allá. Significa descansar en la más grande certeza que nos permite sobrellevar las circunstancias adversas por las que nos encontramos pasando.
Significa recordar que, aunque hoy no entendamos el mapa para encontrar una salida, nuestra trayectoria no está fuera de control.
Más allá de las constelaciones, hay un Dios completamente atento a ti, que no has dejado de orar ni de renovar el entendimiento estudiando la Palabra; a ti, que no has dejado de brindar palabras de aliento al que se encuentra caído.
Puedes tener la certeza de que Jesús está guiando y sosteniendo cada detalle de tu vida. Incluso en los días más oscuros, tu embarcación no está a la deriva a merced de cualquier destino.
La frase "estar bien" no siempre está condicionada al hecho de que el problema desaparecerá por arte de magia. Más bien, significa que la paz con la cual fuiste incluido en Cristo es la que verdaderamente te da la identidad para ser conocido como cristiano en este mundo caído.
Y es que tu valor como persona ya no depende de lo bien o mal que te vaya en la vida, ni de la fortaleza o flaqueza de tus emociones.
A veces nuestra propia mente nos sabotea por el hecho de que se encuentra programada para mantenerte alerta ante cualquier peligro.
Para colmo, el enemigo de las almas conociendo nuestra condición mental en la cual nos encontramos en alerta cuando permitimos que la circunstancia nos distraiga, el diablo nos susurra al oído que hemos sido abandonados por Dios, de manera que, el desespero nos puede llevar a tomar decisiones impulsivas que nos llevan a actuar locamente:
1 Crónicas 21:1(RVR1960)
Pero Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David a que hiciese censo de Israel.
Tienes que entender el hecho de que tu verdadera identidad no la define tu crisis actual, ni la opresión que sientes al levantarte. Tu identidad ha sido definida por Aquel que ya crucificó tu adversidad para que puedas caminar en su victoria, viviendo siempre en el presente.
Como creyente en Jesucristo, ya no eres dueño de tu propia vida ni vives a merced de las circunstancias, porque has sido vestido con la armadura de la justicia en Cristo.
Por lo tanto, no busques contemplarte a través del espejo del dolor o de las dudas que puedan surgir en el camino; tienes que contemplar la sangre real que fue derramada, la cual fue ofrecida por tu pronto rescate. No importan las dudas que te pueda inocular la religión, como la posibilidad de perder la salvación, afirmación que no proviene de la fe, sino del juicio humano.
Una vez que has sido puesto en Cristo como hechura suya, tu posición en el Reino como hijo amado está segura, con la certeza de que el Reino de los cielos no va a cambiar de opinión con respecto a ti por la forma en que pueda cambiar tu estado de ánimo cuando tienes que afrontar las diversas pruebas.
Un pequeño consejo para hoy:
si el panorama se ve abrumador, no intentes cargar con el peso de varios meses en un solo día. La ansiedad suele alimentarse de un futuro incierto que aún no ha ocurrido. La Biblia nos exhorta a vivir siempre en el presente, de manera que tienes que traer tu mente a lo que se encuentra ocurriendo hoy.
Aprende a dar un solo paso a la vez, respira y confía en que la gracia que necesitas para sostenerte hoy ya te ha sido concedida, tal como Dios proveyó el maná cada mañana al pueblo de Israel en el Éxodo.
Lamentaciones 3:22-23 (RVR1960)
"Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad."
No tienes que ser fuerte por tus propios medios diciendo: "no soy perfecto o perfecta", buscando llegar a la perfección en el desempeño de la religión para disfrutar de los medios de la gracia de Dios como lo establecía el antiguo pacto. El nuevo pacto nos demanda descansar de nuestras ansiedades para permitir que Jesús el Cristo se glorifique como el que ocupa el trono de Dios.
Mateo 11:28-30 (RVR1960)
"Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga."
Mañana será otro día, pero hoy, descansa en la certeza de que estás profundamente bajo su cuidado. Tu dolor ya ha sido conocido por Aquel que, siendo Dios, se hizo carne y sufrió profunda e injustamente para poder apiadarse de nosotros. Sabiendo que Cristo Jesús tiene potestad tanto de la vida como de la muerte, podemos decir en medio de cualquier tribulación: "Todo va a estar bien en el nombre de Jesús".
Oremos juntos:
"Señor y Padre nuestro, soberano y fiel. Hoy nos acercamos al trono de la gracia sin poner la confianza en nuestras propias fuerzas, ni en la debilidad de nuestras emociones que hoy flaquean ante la adversidad; hoy encontramos refugio únicamente en la obediencia perfecta de nuestro Señor Jesucristo, la cual nos ha sido imputada.
Te pedimos por cada persona que hoy lleva una carga pesada; abre sus ojos espirituales para que, por encima de la niebla de sus padecimientos, puedan llegar a contemplar la inmutabilidad de tus santas promesas, que son nuestra herencia bendita y garantizada por la sangre de Cristo.
Que no escuchen los susurros de desespero que se inventan en sus propias mentes, sino que, por la fe, puedan encontrar el pronto socorro en la verdad eterna de tu santa Palabra.
Te suplicamos que esa gracia soberana que sostiene el universo entero hoy se manifieste como paz en sus corazones, recordándoles que ninguna tormenta puede arrancar lo que Tú, Dios, ya has sellado con tu Santo Espíritu. En las manos del Capitán de nuestra salvación entregamos este día. ¡En el nombre de Cristo Jesús... Amén!"
Autoría:
María Izabel Mestre
Profetisa de Yom Teruah Ministries®
La Caverna del Profeta®
Pentecostales Reformados
Carolina, Puerto Rico
profetamariaimestre@gmail.com

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